26 Abril 2006
Me gustó el contenido del seminario muchísimo. No me gustó la hora para nada. En primer lugar, la oficina de Middlebury debía habernos dicho algo sobre esta clase cuando recibimos el paquete de información, para que todos los estudiantes no se enfaden tanto a saber que tienen un clase los viernes. En segundo lugar, debeis pensar en mover la clase a otro día de la semana (y puesto que los tardes de martes y jueves son libres, esto sería una hora genial para tenerlo – yo tenía una práctica y todavía me quedaba tiempo para tener un clase o antes o después). Con respeto al contenido de la clase, me fascinó como Jorge siempre sabía exactamente las cosas que nos preocuparon, y la respuesta exacta de donde venía el choque cultural. Me gustaría tener un poco más influenza sobre los tópicos de los seminarios, pero por lo general me interesó todo lo que discutimos. Por la hora de la clase fue más difícil porque poca gente quería participar, pero para mí el seminario en total tenía mucho más valor que pensaba al principio. Me gustó muchísimo también el viaje a Valencia, aunque todo estaba muy de prisa. Tal vez el año que viene pueden hacer un horario un poco más tranquilo, para conocer mejor la ciudad. En total, el seminario me parece una idea fantástica, pero hay que avisar a los estudiantes antes de venir a España que van a tener una clase los viernes.
¡Muchas gracias, Jorge!
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24 Abril 2006
Ayer fui con mi padre (que había venido a visitarme durante la fin de semana) a hacer una ruta de bicicleta por las afueras de Madrid. Decidí hace meses que quería hacerlo, entonces me dedicaba a estudiar mapas y sugerencias en libros y por Internet de varias rutas accesibles por tren cerca de Madrid, para que pudiera dar a mi padre una lista de rutas y él pudiera escoger lo que más le interesara. El problema era que todas las rutas que encontré no tenían bastante detalle para irme con confianza (solamente encontré algunas mapas dibujados a mano, sin direcciones claras de las rutas, y no me sentí muy cómodo con actuar como guía en una de estas rutas). Por fin encontré la información de una compañía que se llama Bravo Bike, que hace rutas por bicicleta por toda España, y era un regalo de dios.
Un hombre que se llama Kaspar es el jefe de la compañía que hace rutas entre 1 día y una semana por muchas regiones de España y en Suiza y Holanda también. Kaspar es un tío muy majo que habla Inglés, Francés, y Español perfectamente. Además, sabe muchísimo sobre la historia de España, cosas técnicas de bicicletas, y las rutas que hay en las zonas donde trabaja él, y la combinación de esta sabiduría hace unos viajes increíbles. Les recomiendo a todos que hablen con él si les interesa el ciclismo.
Kaspar tenía una ruta por la ciudad de Madrid el sábado, que duró 3 horas, pero a nosotros nos interesó más hacer algo un poco fuera de Madrid, pues escogimos la ruta sobre la cual había leído en unos libros, que empieza en Cercedilla y termina en Segovia. Es una ruta francamente impresionante. Empieza con aproximadamente 8 kilómetros de escalada por el bosque al lado de un río en Cercedilla, que te da unas vistas preciosas, pero no es una ruta para ciclistas novicios, puesto que la escalada dura la mayoría de los 8 kilómetros, pero las miradores que se sitúan arriba, en las montañas, absolutamente merecen la esfuerza. Después de ganar la altitud necesario para pasar por las montañas, hay una cuesta abajo que dura muchas kilómetros más que la escalada, pero que pasa muy rápidamente por la velocidad que alcances (a pesar de las rocas gigantes en el camino, que me dieron mucho miedo de cruzar a tanta velocidad!). Abajo te espera varios pueblitos, incluso La Granja, que tiene el museo nacional de vidrio, donde se puede ver los artesanos trabajando con el vidrio calentito (y si vas con Kaspar, él te puede introducir a los artesanos, que ya conoce por ir allí tantas veces, y explicarte todo lo del museo que está al lado). Continuamos por otros caminos de tierra hacia Segovia, y Kaspar nos llevó a una visita histórica de la ciudad, porque sabía la historia de la región tanto para hacerlo, y después nos llevó a un restaurante excelente en la Plaza Mayor de Segovia para comer (donde también conocía a la gente trabajando allí). Porque teníamos que volver pronto a Madrid, fuimos por tren (con los bicis) desde Segovia a Cercedilla, donde dejamos nuestra furgoneta, y de allí conducimos los 45 minutos para volver a Madrid.
Aunque no había mucho sol, el tiempo era perfecto para montar en bicicleta, y pasamos un día increíble con Kaspar. Salimos a las 7:30 de la mañana y no regresamos a Madrid hasta las 6:30 de la tarde, pero podíamos haber pasado más tiempo allí, aprendiendo toda la historia de la región y montando las bicicletas en varios caminos por los campos a vistas increíbles de las montañas, todavía cubiertos con nieve. Recomiendo a todos que visiten www.bravobike.com para ver las rutas que ofrece Kaspar, y por el buen tiempo que hace ahora, ¡hay que escoger uno y hacerlo! Además el precio es muy razonable e incluye la seguridad de tener un guía tan sabio y simpático como Kaspar. ¡Antes de irse, no deben perder esta oportunidad de descubrir la región por bicicleta!
servido por carolinaenlaciudad
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20 Abril 2006
Me sorprende mucho las diferencias entre la cultura acerca de la comida en Francia e Italia versus la de España. En Paris y por toda Italia había muchísima gente caminando con comida, comiendo por las calles, y muchos lugares para comprar sándwiches o bocadillos o crepes o otras cosas para comer en la calle (sin hablar del gelato que había en todas partes en Italia!) Me pregunto porque hay esta cultura tan fuerte de comer por las calles en países tan cercas a España, pero aquí en Madrid es difícil encontrar un sitio que se da comida para llevar, ni hablar de la falta de tiendas móviles en las calles vendiendo cosas a todas horas. Y aunque hay una siesta muy parecida en Italia (muchas tiendas se cierran durante la hora de comer, aunque esta hora es mucho más temprano que la que hay en España – incluso algunas tiendas que venden comida!), no es difícil encontrar un sitio para comer cuando no es la hora exacta de la comida. Tal vez es por la cultura turística, pero hay muchas turistas en Madrid también, y todavía lo encuentro difícil encontrar un sitio que me serviría la cena antes de las 9 por la noche. Estas diferencias en la cultura de la comida me sorprendieron mucho, y no estoy segura de cual sistema me gusta más …
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29 Marzo 2006
Hola estudiante de Middebury College School in Spain 2007,
¡Bienvenidos! Hay algunas cosas que tú debes saber antes de empezar tu aventura aquí. Primero, debes escoger pronto uno de dos caminos: o vas a pasar tu tiempo aquí conociendo a españoles y influyendo la cultura madrileña, o vas a pasar tu tiempo viajando a otras partes para conocer al resto de España. En mi opinión, es muy difícil hacer los dos, y vas a terminar ambos frustrada y cansada si lo intentas, pues hay que escoger una y quedarte con tu decisión. Segundo, debes hacer una lista de las cosas que quieres hacer aquí en Madrid, y añadir cosas a ella continuamente. Con esta lista, nunca vas a estar aburrida, y vas a tener una manera de organizarte en esta ciudad, que es a la vez increíble y increíblemente llena de cosas que hacer. Debes conseguir tu abono transportes lo antes posible – va a servirte muy bien. No debes pasar mucho tiempo en el Sede Prim hablando con tus amigos por Internet. La tentación siempre existe, pero hay que dejarla y explorar la ciudad. Debes pasar tus primeras semanas caminando a todas partes. Aunque vas a estar muy, muy cansada por la esfuerza de hablar español todo el tiempo, caminar es absolutamente la mejor manera para conocer la ciudad, y hay que conocerla y conocerla bien. Pruébate comidas nuevas, y no preguntes lo que llevan adentro. Si te gusta, a veces no quieres saber. Si no sabes algo, pregunta. Pregúntalo a Gabi o Lena o Teruca, o cualquier persona caminando por las calles. La mayoría de los Madrileños son muy simpáticos y en mi experiencia, les gusta ayudar a otros. Cualquier duda que tienes, pregúntalo. Vete al estadio Calderón para ver un partido del Atlético de Madrid. En estas dos horas vas a aprender más sobre la cultura española que aprendes en una mes entera de clases. Habla en Español cada hora de cada día, aún cuando no quieres hacerlo. Vas a estar más aceptada en la ciudad, vas a mejorar tu español mil veces, y vas a sentir que Madrid es tu hogar más que un lugar de vacaciones.
Si sigues estas sugerencias, vas a pasarlo muy bien en Madrid.
servido por carolinaenlaciudad
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8 Marzo 2006
Ayer tenía en mi casa 2 de mis amigas para comer con la señora y uno de sus hijos para celebrar mi cumpleaños. Durante la comida, la señora dijo a su hija que yo había engordado un poco, y la hija me preguntó si era la verdad, y yo dije que no sabía, pero pensaba que no, y la señora respondió con, "Que lo noto yo." Esto me hizo sentir muy mal, puesto que yo tengo muchas inseguridades sobre mi peso, y no podía creer que ella lo dijo con mis amigas en casa, pero yo sé que ella no lo dijo para ser mala o para hacerme daño. Esto me presentó con un choque cultural muy fuerte, porque nunca nunca nunca mi madre diría algo asi en mi casa con mis amigas sentado en la mesa. Esto tiene que ser algo española, la cosa de hablar tan abiertemente sobre el peso en frente de otros, pero no me cae bien.
servido por carolinaenlaciudad
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8 Marzo 2006
Crítica: Las Vanguardias Rusas
La exhibición de Vanguardias Rusas en Madrid este primavera 2006 está ubicado en dos sitios, y es necesario ir a ambos sitios y ver los dos partes, para experimentar la exhibición en total. Quiero decir, los dos partes de la exhibición, aunque están en sitios diferentes, sirven como complementos uno al otro, y no se puede realmente apreciar la exhibición sin verlo todo. Además, recomiendo seguir el orden que sugiere el museo, que es empezar con la colección instalada en el Museo Thyssen-Bornemisza, y ver después la colección en la Fundación Caja Madrid, para verlo en un especie de continuo de lo más reservado a lo más experimental (o por lo menos, lo que es menos reconocible como arte tradicional).
La exhibición en el Thyssen (que yo vi el 15 de febrero) presente a espectador, aun de la primera sala, un gran contraste entre las interpretaciones de los pintores Rusos en como ven su país, y como lo representan en sus obras. Dos de las obras de Wassily Kandinsky en esta primera sala, “El Destino. El muro rojo” y “Improvisación n. 11,” contrasten fuertemente con los de Niko Pirosmanashvili casi al lado, “Príncipe con un cuerno de vino” y “Reunión de familia.” Los de Kandinsky no tienen las formas concretas de Pirosmanashvili, y parecen ser improvisados en forma, pero no en contenido. Al contrario de la vida oscura y fría en que yo pienso cuando pienso en Rusia, Kandinsky emplea colores brillantes, manchadas y mezcladas, y sus cuadros son mucho más ligeros que yo pensaba que serían pinturas inspirados por Rusia en 1909. Los cuadros de Pirosmanashvili, al otro lado, cumplen mis expectaciones sobre las temas de arte Rusa al principio del siglo XX. Sus cuadros emplean blanco y negro para describir a sus sujetos, y solamente usa colores de azul y amarillo para hacer el trasfondo y pintar acentos por el cuadro, pero casi todo está en blanco y negro, que crea un sentido de una vida dura y serio, y mucho más pesado que lo que ilustra Kandinsky. La reunión de la familia que pinta Pirosmanashvili no parece una reunión feliz, sino una que falta decadencia y falta comida, y su empleo de tan poco color hace un contraste fuerte con los cuadros de Kandinsky.
El contraste entre estos dos pintores se repite por toda la exposición, con varios artistas contrastando las obras de otros, y por eso, la exposición se ve muy ecléctica. No se puede definirla por un estilo o pintor, ni una sola media, puesto las obras de escultura de metal y papel. Hay cuadros muy abstractas (Mijail Larionov, “Riña en una Taberna”), cuadros cubistas que parecen ser todos del mismo artista, pero cada uno es de alguien diferente (Rózanova, Udaltsova, Popota), cosas que he visto mil veces antes (Popova, “Bodegón con instrumentos”), y cosas que nunca he visto en mi vida (Baranov, “La Danza,” una escultura de madera pintada que parece un intento de recrear un cuadro cubista en un espacio de tres dimensiones).
Hay tres cuartos en el Thyssen que son dedicados a un artista diferente cada uno, un para Marc Chagall, otro para Kandinsky, y otro para Pável Filónov, y mi cuarto favorito, porque nunca había visto nada de él, era lo de Filónov, el artista que, de toda la exhibición, me parece el epítome de la vanguardia rusa. Los cuadros de Filónov (obras mostrados son de 1912-30) son como mosaicos, todos increíblemente ocupados y complicados. Filónov llena el cuadro con escenas pequeñitas, que de una distancia crean otras imágenes, usando lo geométrico para crear, a veces, lo orgánico, como en “Flores de Florecimiento Universal” o “Cosmos,” un cuado hecho tras 10 años (1920-30). Estos cuadros parecen caóticos, pero es más bien un caos ordenado, como “Fórmula del Proletariado de Petrogrado,” y él utiliza colores brillantes, pero en pocas cantidades, para crear la impresión de un rayo de esperanza en el mar de oscuridad que es la revolución bolshevik. Y por supuesto, en la próxima sala, hay unos cuadros para hacer un contraste fuerte con estos de Filónov, como “Colores de la naturaleza” de Boris Ender, que parece nada más que manchas simples de color.
La exposición continúa lógicamente en la Fundación Caja Madrid, donde hay una sala de dos pisos para empezar la exhibición (yo fui el 22 de febrero). El espacio en si es muy diferente en la Fundación que el del Thyssen, y ayuda a crear un sentido de que esta parte es más vanguardista que lo del Thyssen, y complementa la primera parte de la exposición por enseñar los cuadros más controversiales en un espacio igualmente controversial. El espacio es abierto, con paredes negros, en los cuales los cuadros son ubicados en diferentes niveles, creando un sentido vanguardista de rebelión contra la idea de una exposición en si. Las obras de escultura aquí no se protegen bajo vidrio, sino que se suspenden del techo, y todo el espacio parece más accesible, in parte por las proyecciones de planes 3-dimensionales en medio de la sala.
El segundo piso de la primera sala muestra fotografía Rusa, y los contrastes que se ven en el Thyssen continúan aquí. La mayoría de las fotos son de Alexander Ródchenko, y hay fotos muy serias que abarcan la tristeza y la pobreza de Rusia en los años 20, pero también fotos que muestran la alegría, gente con sonrisas irónicas, y juguetes de niños. Hay escenas de la vida diaria, la naturaleza (¡que no contiene nieve!), muchas fotos de la industria y cosas industriales, y unos que caben en estereotipos claros de Rusia, como “Columna del Club Dynamo.”
El arte en la Fundación, para mí, cabe mejor con el estereotipo de la vanguardia que lo que se presenta en el Thyssen, porque los cuadros en la Fundación son mucho más simples, geométricos, y se puede debatar si son realmente “arte” o no. Lo más especulativo, en mi opinión, es el serie de Kazimir Malévich de formas geométricas: “Cruz Negro,” “Círculo Negro,” Cuadrado Negro,” etc. (1923). Para mí, en ser tan simple, estos cuadros abarcan la idea de la vanguardia en su forma más simple y reconocible. Al poner estos cuadros en un lugar separado las obras de los artistas más reconocidos en el oeste (Kandinsky, Chagall, etc.), los conservadores de la exposición evitan que la gente hace comparaciones entre los artistas, y con las obras físicamente separadas, es más fácil apreciar ambos estilos de arte para lo que son, en vez de comparar uno con el otro. Todavía no estoy segura de que estas formas geométricas de Malévich son “arte,” pero es mucho más fácil formar una opinión cuando no están ubicados directamente al lado de una obra de un artista que conozco.
Tal vez la parte más interesante de la exposición, porque nunca antes lo he visto en un museo, son los cuartos en la Fundación Caja Madrid reservado para diseño gráfico y arte de propaganda. Estas imágenes son los que nosotros, como extranjeros, sabemos de Rusia al principio del siglo XX, y al tener dos cuartos enteros llenos de estas obras, es muy fácil ver la propaganda increíble que hizo el estado ruso en estos años. El negro y el rojo reinan el espacio, y las personas geométricas que faltan detalle nos recuerdan de lo estereotípico ruso, y se puede ver, tomando en cuenta el resto de la exhibición, como se ha cambiado nuestro percepción de “lo ruso,” porque después de ver la exhibición en total, es claro que “lo ruso” es mucho más que estos imágenes de propaganda negro y rojo. Estas dos salas sirven casi como recuerdos de lo que pensamos antes, y como no es justo categorizar un lugar como Rusia sin entenderlo en total, y esta exhibición nos ayuda a entender mejor, a través los estilos muy eclécticos que se constituyen las vanguardias rusas, los estilos diferentes de la vida en la Rusia del principio del siglo XX. La exhibición es interesantísima, y lo recomiendo a todos que quieren abrir la mente y aprender más que lo que se presenta en estereotipos.
servido por carolinaenlaciudad
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20 Febrero 2006
Parte de la cultura esquiadora en los EEUU es el comercialismo, y el vender de camisetas, gorras, y varias otras cosas que presentan el nombre del sitio donde se venden. En las Sierra Nevada, caminé con Shikha por todo el pueblo de esquiar (lo que era mucho más grande que yo pensaba antes) pero no pudimos encontrar ni una camiseta hecho para adultos que decía Sierra Nevada con un diseño mas que las palabras mismas muy chiquitos sobre un bolsillo. Era una cosa increíble, después de esquiar en lugares como Vail, donde no se puede caminar ni 3 pasos sin encontrar otra tienda de recuerdos llena de cosas que dicen Vail, y una variedad de diseños y tipos de cada uno. ¿Por qué no aprovecharían los dueños de las tiendas en la Sierra Nevada de tantas turistas (y yo sé que había muchísimas turistas; las oí en la montaña) por vender un montón de cosas bonitas que dicen Sierra Nevada? O, por lo menos, ¿una variedad de cosas con el nombre puesto? Yo terminé mi viaje de esquiar sin ni uno recuerdo de la montaña, salvo un postal que compré en la ciudad de Granada. Yo sé que la cultura americana es a veces demasiado fijado en el comercialismo, pero a veces quiero comprar algo para un recuerdo de la experiencia allí … ¿es verdad que esto fenómeno de veras no forma ninguna parte de la cultura española, o es que yo equivoqué en algo, y simplemente no sabía donde buscar lo que quería? ¿Es verdad que los americanos tienen tanto interés en las cosas materiales, en comparación con los españoles, o es que las cosas materiales de los españoles no se puede encontrar en ninguna tienda en la Sierra Nevada?
servido por carolinaenlaciudad
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20 Febrero 2006
Este fin de fui a las Sierra Nevada en Granada para esquiar, y el choque cultural me siguió. Cuando llegamos a la montaña para alquiler nuestro equipo, había una cola para entrar la tienda, y cuando yo entré, solamente había una persona ayudando a la gente que quería alquiler lo del esnowboard, pues yo tenía que esperar mas. Después de salir de la tienda, nos pusimos en la cola para la telesilla, y esperamos casi una hora en esta cola simplemente para subir. Y era una góndola sin sillas, pues mas o menos 12 personas podía caber en cada caja, pero muchas cajas subieron con 5 o 6 personas, y la gente trabajando allí no regularon el número de personas en cada caja, como en los EEUU. Y aunque había poca gente en cada caja, había muchísimas personas empujando cuando estuvimos en la cola esperando muy cerca de la zona de embarcar. ¿Cómo es que los españoles van a empujar para ponerse más cerca de la cabeza de la línea, pero cuando llegan allí, solamente van a poner como 5 personas en una caja dentro del que se puede caber 12? Esto no lo entiendo. Y las mismas cosas ocurrieron cuando estuvimos esperando telesillas en otras partes de la montaña. Cada silla tenía 4 plazas, pero muy pocas estaban llenas, aunque había una cola muy grande y mucha gente empujando para embarcar antes de los otros. Y había un hombre trabajando en una de las sillas que dijo a dos mujeres en frente de mí que deben embarcar la silla con las dos personas en frente de ellas, para llenar la silla, puesto que había la cola tan larga. Pero las chicas no querían moverse para coger la silla, pues esperaron para la próxima y el hombre no hizo nada. En los EEUU, todo el mundo sigue las órdenes de los chicos que operan las telesillas. Segura que estas dos mujeres hablaron español, pero no entiendo porque no hicieron lo que dijo el trabajador.
servido por carolinaenlaciudad
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